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PRESENTACIÓN
Cada persona tiene su propia manera de ver la vida, en función de su educación, de su cultura, de su entorno, de su temperamento, de sus experiencias, etc.
Aquí en este escrito, se trata de ver la vida desde una perspectiva que tiene en cuenta la realidad y trascendencia del ser humano. Un punto de vista poco frecuente, que no sólo nos proporciona un conocimiento más amplio y profundo de nosotros mismos, sino que también nos brinda la oportunidad de dar un cambio total a nuestra vida.
Capitulo 1.- La Sociedad
Capitulo 2.- Las Personas
Capitulo 3.- Vivencias
Capitulo 4.- Ciencia y Religión
Capitulo 5.- Nosotros
CAPÍTULO 1.- LA SOCIEDAD
Dicen que vivimos en una sociedad donde el progreso y el desarrollo mejoran nuestra calidad de vida. Si así fuera, lo lógico sería que mejorásemos en todos los sentidos; tanto en el terreno material, como en el personal, pero desgraciadamente esto no sucede.
Lo que sí podemos ver en nuestra sociedad, es una lamentable decadencia; pérdida de valores, falta de moral, falta de respeto, guerras, hambre, pobreza, violencia, etc., mientras nos llamamos a nosotros mismos, sociedades desarrolladas y seres civilizados dotados de inteligencia, ante lo cual yo me pregunto ¿qué clase de inteligencia es la nuestra si nos lleva a la autodestrucción?.
Nuestras vidas, están sometidas a un ritmo de connotaciones muy negativas; una vida acelerada y obsesionada por seguir las corrientes de moda hasta llegar al límite de nuestras posibilidades. Se pretende hacer o tener todo aquello que poseen los demás, sin mirar a quién o qué se perjudica con tal de conseguir nuestros objetivos.
Este sistema de vida, viene propiciado entre otras cosas, por la política, por los medios de comunicación, por la tecnología, por la publicidad, etc.
En cuanto a la política se refiere, nos dicen continuamente lo convenientes y beneficiosas que son las democracias para los pueblos, cuando en realidad se trata de favorecer siempre a los mismos en detrimento de la inmensa mayoría. Nos hablan de los derechos humanos, mientras en el mundo existe un alarmante aumento del hambre, del paro, de la pobreza, de la desigualdad entre países ricos y pobres, etc. Se hacen campañas de ayuda para otros países cuando en realidad es el pretexto para invadirlos. Provocan guerras para después imponer la paz y la paz es lo que menos importa porque lo único que pretenden realmente es deshacerse de unas armas que han quedado obsoletas, para sustituirlas por otras nuevas y mucho más destructivas.
Nos hablan frecuentemente de los buenos propósitos de las naciones hacia el medioambiente, pero resulta que nuestro precioso Planeta está cambiando aceleradamente su clima por culpa del poder económico y de la industria. Las consecuencias de todo ello son alarmantes: aguas contaminadas, emisiones excesivas de gas a la atmósfera, talas de árboles, lluvia ácida, destrucción de la capa de ozono, etc. Y también una alteración significativa del comportamiento de la mayoría de los animales, de los vegetales, de los minerales, etc.
En definitiva, la Naturaleza en general, se resiente gravemente del trato que está recibiendo de este mundo que llamamos civilizado. No debe extrañarnos pues, si el ser humano sufre las consecuencias de su erróneo comportamiento.
De los medios de comunicación podemos decir, que la influencia que tienen actualmente sobre nosotros, la mayoría de las veces es negativa. Todas las informaciones, son meticulosamente estudiadas para decirnos sólo aquello que les interesa que sepamos. Vengan de donde vengan, siempre son las mismas, lo cual significa que es un solo hilo invisible que selecciona qué, cómo y cuándo debemos saber. Cabe mencionar también la proliferación excesiva de programas que aparentemente son de solidaridad, de ayudas familiares, reconciliaciones, etc., pero en realidad con esta excusa exponen públicamente las debilidades y las miserias de la gente, alimentando de esta forma el morbo de la audiencia, sin tener en cuenta que van en detrimento de la educación y la cultura.
También se fomenta en desmedida el hedonismo, el culto a la imagen, la frivolidad, la promiscuidad, la banalidad de ideas, etc. Se da mucha importancia a las apariencias externas y aunque es cierto que la tienen, no tanto como para llegar al extremo de rendir un auténtico culto al cuerpo. En muchos casos, incluso se llega a prescindir totalmente de la ética y de la moral cuando se trata de modificar los atributos físicos que nos ha dado nuestra naturaleza.
Referente a la tecnología, el hombre quiere superar día a día un nuevo reto. Intenta demostrarse a sí mismo que es capaz de un gran dominio en todos los campos, hasta el punto de que nuestro Planeta se le está quedando pequeño y mientras conquista el espacio exterior, su mundo interior le es totalmente desconocido.
Otro aspecto a comentar es la utilización de la publicidad. A todas horas y en todo lugar intentan programar nuestras vidas mediante sofisticados estudios psicológicos con el fin de inducirnos a hacer o tener todo aquello que es de actualidad. No se duda ni un momento en utilizar métodos agresivos con el fin de vender y obtener grandes beneficios. La consecuencia resultante es un exceso de consumo que provoca importantes problemas económicos.
La trayectoria que sigue esta sociedad, es en la que supuestamente nosotros tenemos que desarrollar nuestra vida y en la que mediante diferentes argumentos intentan inculcarnos de manera indirecta, que si hacemos y compramos todo aquello que nos dicen, tendremos a nuestro alcance la felicidad.
CAPÍTULO 2.- LAS PERSONAS
Existen personas de posición acomodada, que pueden alcanzar lo que sea con tal de satisfacer sus deseos, pero cuando lo consiguen, se dan cuenta de que aquella ilusión de los primeros días se desvanece rápidamente. Vuelven otra vez a sentirse insatisfechos y buscan un nuevo aliciente que pone de manifiesto que su felicidad es efímera y no dura permanentemente. Es evidente pues, que buscar la felicidad a través de los bienes materiales, es hacerlo en una dirección equivocada, ya que el resultado final siempre es el mismo, una felicidad superficial y momentánea. En cambio, la felicidad que todo el mundo quisiera conseguir es aquella que perdura en todo momento y circunstancia; la que aporta plenitud a la vida y la que permite afrontar cualquier situación con tranquilidad y serenidad. Pero esta felicidad, no depende de nada material, ni de nada físico, ni de nada externo a nosotros, ni tampoco está supeditada a nuestro poder adquisitivo. Depende únicamente de nuestro interior, que es en definitiva el que determina el significado que damos a cada acto o situación y el que nos permite ver oportunidades en vez de ver problemas. Por tanto, conseguir el bienestar y la felicidad depende únicamente de nosotros. La prueba está en que hay personas que con muy poco son felices y otras en cambio, por más que tengan, no lo son, ni lo serán jamás.
Este deseo de alcanzar la felicidad, es un denominador común que tenemos las personas, como lo es también el hecho de que vivimos nuestra vida terrenal, como si ésta nunca tuviera que tener fin.
En general, no se tiene en cuenta que desde el momento de nacer, empieza una cuenta atrás que lleva inevitablemente hacia la muerte. Ya sabemos que resulta difícil pensar de ese modo, sobretodo cuando la edad no es muy avanzada o mientras nuestra vida se desarrolla de una manera más o menos normal, pero aun así, deberíamos tener presente que nuestra estancia aquí en la Tierra puede acabar en cualquier momento, con lo cual, veríamos las cosas desde otra perspectiva y nuestras luchas serian completamente diferentes. Por desgracia, eso es algo que conocen muy bien aquellas personas que de repente y debido a una grave enfermedad, deben enfrentarse a la muerte.
No cabe decir que estas personas se sienten profundamente golpeadas y no les queda más remedio que aceptar su difícil situación. Probablemente ya no podrán hacer todo aquello que hubieran querido hacer, ni siquiera saben si tendrán la capacidad suficiente para poder aguantar el dolor físico y moral que su situación comporta. El caos invade su mente y cuando intentan poner un poco de orden en sus pensamientos, una de las primeras cosas que intentan conseguir, es poder estar en paz con ellas mismas alejando de sí cualquier remordimiento.
Las personas que profesan alguna religión, suelen encontrar más o menos consuelo en sus creencias, según el grado de fe que tengan, pero existe una cuestión, que en su caso, adquiere más importancia que nunca y es la que hace referencia a la inmortalidad del alma. No están seguras de si será verdad o no y con esta incertidumbre, quieren y procuran tener su conciencia en paz.
Por otro lado, las personas que no son creyentes y que también se encuentran en la misma situación, igualmente pretenden que su conciencia esté tranquila, porque sienten remordimientos cuando piensan que a lo mejor su conducta no ha sido la más correcta con aquellos que aman.
Estas personas y todas aquellas que en general no creen en la trascendencia del ser, piensan que cuando la muerte llega, todo se acaba y nada tiene sentido ya. Pero todo aquello que durante su vida ha sido tan importante para ellas, todo aquello que tanto les ha hecho gozar o sufrir, todo aquello que ha sido suyo; su marido, su mujer, su hijo, su casa, su coche, etc. Todo aquello ¿qué será de ello?. Todas sus vivencias, todos sus sentimientos, ¿han de terminar en la nada?.
Y como el instinto de supervivencia es innato en todo ser vivo, a veces estas personas en su intimidad llegan a cuestionarse si existe o no otra vida.
El caso es que por un motivo o por otro, consciente o inconscientemente, creyente o no creyente, todo el mundo se pregunta y busca alguna cosa.
Unos quisieran sentirse en paz con ellos mismos y otros intentan encontrar la felicidad, pero como todo depende de nosotros, cabe empezar por el principio, que es ni más ni menos que el cuidado de nuestro interior. Debemos dedicarle la atención necesaria y sobretodo procurar adquirir conocimientos sobre la realidad de nuestro ser. De este modo, podremos afrontar las cosas desde una nueva perspectiva, a la vez que obtendremos respuestas a las preguntas que nos hacíamos anteriormente de: ¿Qué pasará con nuestras vivencias?. ¿Han de acabar en la nada?. ¿Y si fuera cierto que existiese otra vida?...
Todas estas preguntas y muchas más, he de confesar que yo también me las planteé un día, tal como explicaré a continuación, pero antes debo empezar por dar un breve repaso a mi vida.
CAPÍTULO 3.- VIVENCIAS
Durante mi infancia, asistí a un colegio religioso en el pueblo donde vivía y como es de suponer, sus enseñanzas incluían la asistencia a todo tipo de rezos, plegarias, misas, cánticos, etc. Con el paso del tiempo, fui aborreciendo estas prácticas, que cada día me parecían más excesivas y menos convincentes. El resultado final, fue una adolescencia escéptica en el ámbito religioso y también inconformista hacia a una sociedad que consideraba hipócrita, llena de condicionamientos y prejuicios sociales.
En cierto modo y dentro de unos límites, decidí regirme por mi propio código moral, siendo plenamente consciente de que este comportamiento me acarrearía consecuencias, tal como así fue.
El tiempo fue pasando y mi juventud también, hasta que un día me trasladé a vivir a la ciudad donde la vida me daría la oportunidad de ser esposa y madre.
La experiencia de ser madre fue para mí extraordinaria y maravillosa, creo que la más importante que puede vivir una mujer. En mi entorno familiar tenía entonces más de cuanto podía desear y este cúmulo de circunstancias despertaron dentro de mí una serie de sentimientos intensos y profundos que me llevaron a pensar seriamente en ciertos aspectos de la vida que nunca hasta entonces me habían llamado la atención.
Uno de estos aspectos, fue preguntarme a mí misma cuál podría ser el alcance y el significado de todos aquellos sentimientos que yo vivía con tanta intensidad. Tenía la sensación de que existía alguna otra razón más relevante de la que simplemente parecía y aunque a veces me decía a mí misma que el hecho de ser madre me había sensibilizado en exceso, en el fondo yo sabía que aunque esto fuera cierto, tenía que haber otra razón de mayor trascendencia.
Empecé a pensar que no podía ser que las vivencias que experimentamos las personas, acabaran en la nada. Me resistía a aceptar que los sentimientos, emociones, etc., que cualquiera en la vida puede gozar o sufrir, acabaran en la muerte sin ningún otro objetivo o trascendencia futura. No, no podía ser de aquella manera, tenía que haber una finalidad en las vivencias de la gente, sobretodo en aquellas que nos dejan una huella para siempre. Si no fuera así, ¿qué sentido tenía la vida?. Y ¿qué propósito?. Si todo tenía que acabar en la nada, que desperdicio más absurdo.
Sentía una inquietud y unos deseos inmensos de hallar respuestas. El caso es que no sabía por dónde empezar, ni quién me podía ayudar, ni tan siquiera orientar.
Un día, pensando en las clases de religión de mi infancia, recordé que cuando preguntaba el porqué de las cosas, la mayoría de las veces la respuesta era que se trataba de misterios que habían de creerse mediante la fe, lo cual, no me convencía en absoluto, como tampoco lo hacían algunas historias del Antiguo Testamento, que decían, por ejemplo, que Dios gozaba con los sacrificios de los animales que hacían en su honor, o que pedía a un padre que sacrificara a su hijo sólo por el hecho de probar su fidelidad. Total, que en vez de ver en aquel Dios a un Ser Superior, lo que yo veía era a un ser violento, caprichoso, injusto, etc., y todo aquello que supuestamente hacía, me parecía una auténtica aberración.
El caso es que con estos recuerdos, acabé tomando una decisión. Quería encontrar respuestas a mis preguntas y empezaría en primer lugar por averiguar si era cierto que existía un Dios de verdad. Si este Dios existía y era Todopoderoso, es decir, que tuviera el poder absoluto para todo, yo le suplicaba de todo corazón que allá donde se encontrara y como fuera, que me escuchara y me ayudara a conocer los interrogantes que la vida me planteaba sobretodo respecto a Él y a nuestra realidad como seres humanos.
Recuerdo como si hubiera sido ayer mismo, que en aquellos momentos yo sentía la necesidad de ser escuchada, porque era plenamente consciente de que casi nadie de mi entorno podría entender todo aquello que pasaba en mi interior y aunque como he dicho antes, tenía mucho más de lo que podía desear, en mi vida faltaba algo que difícilmente podía explicar.
Me decidí a buscar lecturas de todo tipo; religiosas, esotéricas, filosóficas, científicas, etc., al mismo tiempo que intentaba relacionarme con personas que sentían inquietudes parecidas a las mías. Poco a poco, empezó a cambiar el rumbo de mi vida y como una cadena eslabonada, una sucesión ordenada de hechos me iban llevando de una cosa a otra mientras descubría un mundo totalmente diferente.
Un buen día empecé a pensar que realmente ALGUIEN me había escuchado, porque poco a poco iba encontrando respuestas que me sorprendían gratamente por su lógica y por su coherencia. Esto me animó y durante unos años viví toda clase de experiencias en este sentido, incluidos desengaños y algún que otro escarmiento.
Durante un tiempo traté con persones de toda la península que por un motivo u otro tenían que ver con los temas que por aquel entonces despertaban mi interés. Las experiencias vividas fueron muy enriquecedoras y me dieron la oportunidad de saber que efectivamente no me equivocaba cuando creía que nuestras vivencias, sean cuales sean, tienen una finalidad y una razón de ser en la vida.
Como este largo proceso fue muy beneficioso para mí, me gustaría mediante estas líneas, poder transmitir algo de provecho para la persona que las lea. Al fin y al cabo, la realidad de nuestro ser, es un tema que nos afecta a todos y su conocimiento nos permite encontrar la clave de muchas incógnitas que nos plantea la vida, sobretodo aquellas a las que no encontramos explicación. Pero para conocer esta realidad, debemos empezar por conocer nuestro origen, que es precisamente una de las principales inquietudes que ha tenido y tiene el ser humano a lo largo de su historia.
Para tratar este tema, debemos ir a parar a la Ciencia y también a la Religión, por ser las dos materias referentes de nuestra sociedad a la hora de explicar los orígenes de la humanidad.
CAPÍTULO 3.- CIENCIA Y RELIGIÓN
A veces, da la impresión de que la Ciencia y la Religión se excluyen mutuamente o que resultan casi antagónicas, pero la realidad es que las dos materias tratan de nuestro origen, aunque lo hacen desde un punto de vista diferente.
La ciencia nos dice que todo cuanto existe es energía y esta energía puede encontrarse en diferentes estados más o menos densos, en función de su vibración.
Todos sabemos que hay cosas que podemos ver y tocar, como por ejemplo una mesa, dado que su constitución es de materia densa. En cambio, hay otras que no podemos ver, ni tocar, pero que existen igualmente, lo que ocurre es que su constitución es de materia más sutil, como por ejemplo, el aire.
Aquí mencionaré las palabras de un científico que yo particularmente encontré muy interesantes. Decía que veía su cuerpo como si fuera una posesión suya, es decir, él decía -su cuerpo- del mismo modo que si dijera su coche, su televisor etc., igual que si se tratara de una posesión suya. Entonces pensó que si decía que el cuerpo era suyo, él no era el cuerpo. El cuerpo era suyo, pero no era él. ¿Quién era él entonces?. Él era unos pensamientos, unos sentimientos, unas experiencias. O sea, él decía que era una conciencia.
Y continuaba diciendo que el problema era que él también era producto de sustancias químicas que circulaban por su cuerpo, transmisiones eléctricas entre neuronas, herencias genéticas, etc. Decía que su cerebro era una compleja máquina electroquímica que funcionaba como un ordenador y su conciencia o esta noción que tenía de su existencia era una especie de programa.
Es decir, la conclusión de este científico era la siguiente: en el ser humano había una parte densa (cerebro, neuronas, etc.) y también una parte sutil (la conciencia).
Físicos, astrofísicos, científicos... etc., coinciden en afirmar que nuestro Universo es inmenso y que las últimas teorías cosmológicas admiten la posibilidad de que este Universo sea solamente UNO entre billones de universos. Y si nuestro Universo ya nos parece inmenso, no podemos ni siquiera imaginar lo que representan billones de universos.
Con estos datos y cifras tan impresionantes, muchos científicos han llegado a una conclusión; esta obra tan colosal y extraordinaria, no puede ser fortuita, ni tampoco un producto del azar, sino que es una inmensa estructura en la que se puede ver claramente una inteligencia y una intención.
Cuanto más se observa y analiza el Universo, más se concluye que revela dos características fundamentales. Una, es la inteligencia con la está concebido y otra, es la intención de planear las cosas para la vida. El Universo fue concebido con tal ingenio que revela Inteligencia y con tal afinación que revela un Propósito. Nuestra existencia, pues, que desde el punto de vista científico parece depender de una extraordinaria y misteriosa cadena de improbabilidades y coincidencias, no tiene la más mínima posibilidad de ser accidental, porque todo está pensado ya desde un principio.
Los cuerpos celestes y los terrestres, no pueden haberse originado por ellos mismos, ya que como dice el principio de la física: 'Un cuerpo en reposo no puede ponerse en movimiento si no hay una fuerza exterior que lo impulsa...' Si la Tierra, la Luna, el Sol, las estrellas, recorren órbitas inmensas sin chocar jamás, nos indican la existencia de un movimiento ordenado. Esto significa que existe un Ordenador Inteligente que impulsa y ordena movimiento a todo el Universo.
En definitiva pues, nadie puede negar que el control del Universo, así como también el funcionamiento de la Naturaleza, obedece forzosamente a una Inteligencia sobrenatural. Esta Inteligencia no puede haber salido de la nada, porque la nada, no puede crear nada y mucho menos seres vivos, inteligentes y racionales. Tampoco podía ser creada, porque estamos hablando del Origen, por tanto, si nos basamos en nuestra lógica natural, tenemos que admitir que hay Alguien que nadie ha creado y que existe por su propia naturaleza.
Así pues, el Origen de todas las cosas, no puede ser nada más que una Inteligencia Viviente a la que llamamos Dios. Pero también se le llama de otras maneras: Un científico la llama Energía, un teólogo la llama Dios, un místico la llama Espíritu, un filósofo la llama Mente..., etc., etc. La cuestión es que todos se refieren a lo mismo.
Dicen que Einstein se preguntó a sí mismo si Dios podía haber creado el mundo de otra manera y concluyó que la respuesta sólo podía ser que no. Dios no podía haber creado el mundo de otra manera porque ésta era la manera perfecta.
Otros personajes influyentes de nuestra historia también se definieron en este sentido. Por ejemplo el filósofo griego Platón decía: 'Vosotros deducís que yo tengo un alma inteligente, porque advertís orden en mis palabras y acciones: concluid pues contemplando el orden que reina en este mundo, que existe también un alma soberanamente inteligente que es Dios'.
El historiador griego Plutarco, decía: 'El consentimiento de los pueblos cultos o bárbaros de todos los tiempos, han admitido la existencia de un Ser Supremo. Esto nos dice que es imposible que todos se hayan equivocado acerca de una verdad tan importante, por eso la humanidad entera debe aceptar la existencia de Dios'.
Otros ejemplos en los que se afirmaba la existencia de Dios a través de sus testimonios; Copérnico (astrónomo polaco), Kepler (astrónomo alemán), o Newton, matemático, físico y astrónomo inglés que decía: 'El orden admirable del sol, de los planetas y cometas, es obra de un Ser Todopoderoso e Inteligente...'.
Para conocer a este Ser, se supone que deberíamos ir a parar a la religión, ya que oficialmente es la materia que se encarga de explicar este tema, pero también hay que decir que Dios no es exclusiva de nadie, y por tanto, podemos llegar a Él a través de otros caminos.
Existen personas dedicadas a estudiar en profundidad las religiones y según ellas resulta que las más importantes y mayoritarias, incluida la Religión Católica, contienen un componente mitológico considerable.
Por otro lado, el paso de los siglos y las muchas traducciones a diferentes lenguas, han ido modificando inevitablemente los textos originales, con unas consecuencias realmente significativas.
También y según los historiadores, en cada época se han ido introduciendo cambios, en función de los intereses de las autoridades correspondientes, tal como sucede hoy en día.
Todos estos hechos, nos indican que la auténtica verdad que defensaban los primeros cristianos, ha llegado a nosotros totalmente manipulada. Y aunque es cierto que las religiones todavía son necesarias para mucha gente, también lo es que para conocer la Verdad en mayúsculas, se ha de buscar lejos de cualquier interés creado.
Y así fue como mi perseverancia me llevó a conocer esta Verdad que muchos otros antes que yo y en diferentes culturas de todo el mundo, ya habían conocido desde épocas remotas.
Este hecho, me permitió aclarar mis dudas respecto a Dios y alejó de mí cualquier rastro de escepticismo con relación a su existencia, dado que pude conocer a un Ser extraordinario que me sorprendió gratamente por su perfección y magnificencia.
Este Ser, es la gran Energía que nombra la Ciencia, aquella Energía de donde se deriva todo.
La Esencia o Sustancia de este Ser, es Vida, es Mente y es Amor.
Es Vida, porque Él es la Fuente misma de la Vida y esta Fuente que mana constantemente, es la que vivifica todo cuanto existe.
Es Mente, una Mente Viviente, porque nosotros venimos de Ella, estamos vivos y utilizamos la mente para razonar esta cuestión.
Es Amor, por encima de todo es Amor, porque se entrega a Sí Mismo cuando crea, en beneficio de sus criaturas.
Como Creador nuestro podemos decir que es nuestro Padre y nuestra Madre y cada uno de nosotros debemos considerarlo así. Debemos dirigirnos y confiar en Él directamente, porque del mismo modo que los padres terrenales gozan cuando sus hijos comparten sus cosas con ellos, este Ser, también anhela que nosotros compartamos nuestra vida con Él. No podemos olvidar que es Él Quien realmente nos da la existencia y todo lo que somos y tenemos, por lo tanto, es lógico y natural que haya un trato directo entre Creador y criatura, sin ningún tipo de representantes, ni intermediarios que se interpongan entre Él y nosotros.
Tampoco se necesitan ritos para hablar con Él, ni ceremonias, ni cultos, ni templos, porque su templo es la Naturaleza y Él se encuentra en todo lugar. Fuera de Él no existe nada.
Dios también es Infinito en el tiempo, es decir, Eterno. No puede haber surgido de la nada, ni tampoco ha sido creado. Ha existido siempre y existirá porque el TODO no se puede convertir en nada. Igualmente es infinito en cuanto a Poder, porque no existe más poder que el Suyo. Él crea, ordena y lo controla todo. Es el Dueño de todo y lo posee todo sin límites.
Nuestra existencia, nuestra vida, todo lo que nosotros somos y tenemos le pertenece a Él. Se da a Sí Mismo para que nosotros existamos y subsistamos y cuando uno se da a otro sin ningún tipo de interés, ni condición, manifiesta con este acto la máxima expresión del amor. Así pues, con este amor incondicional y esta entrega constante, Dios no demuestra nada más que altruismo y amor y estos fueron precisamente los auténticos motivos por los cuales Él nos creó.
Cuando amamos a una persona, nos gusta compartir con ella nuestras cosas, a la vez que deseamos que ella comparta las suyas con nosotros. Del mismo modo, Dios quiso por amor, compartir su inmensa Obra con sus criaturas, y anhela que nosotros compartamos nuestras vidas con Él.
Así pues, tenemos una deuda con este Ser que todo nos lo da y como mínimo deberíamos preocuparnos de conocerle, a pesar de que sea un conocimiento relativo, porque es totalmente imposible definir a Dios de una manera absoluta. Su Ser, no lo puede definir nunca una mente humana, pero sí que podemos definirlo de manera parcial y relativa para tener una idea aproximada de Él desde nuestro punto de vista humano.
Puesto que todo lo que existe tiene su origen en este Ser, cuando Dios empieza su Creación sigue un orden y establece dentro de Sí Mismo una jerarquía. En primer lugar, queda representada la parte más elevada y sutil que es el espíritu y coresponde a la manifestación de Dios como Padre o principio generador masculino. En segundo lugar, queda representada la parte opuesta y densa que es la materia y corresponde a la manifestación de Dios como Madre o Principio generador femenino. Una vez constituida esta Dualidad (masculino y femenino, o Padre y Madre), el paso siguiente es la aparición de un tercer componente que es el Hijo Único. Este Ser es Cristo y hereda las características de sus Progenitores, por eso representa al espíritu y a la materia conjuntamente, es decir, Cristo representa el total de la Creación; tanto los espíritus, como sus cuerpos.
De esta gran Familia Divina; Padre, Madre e Hijo, se deriva precisamente la familia humana, porque todo lo que sucede aquí en la materia, es siempre un reflejo de lo que sucede en el espíritu.
Esta Jerarquía Divina o Trinidad (Padre, Madre, Hijo), se puede ver representada en muchas culturas y religiones. Por ejemplo: La trinidad egipcia; Osiris (padre), Isis (madre), Horus (hijo). La trinidad hindú; Brahma, Shiva, Vishnú. La trinidad babilónica; Anu, Ea i Bel. La trinidad persa; Ormuz, Mitra i Arriman. La trinidad de los indios de Méjico, la escandinava, la sumeria, la fenicia, etc., etc. y la trinidad Católica; Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Pero tanto si dicen que Dios es Unidad, como si dicen que es Trinidad, es correcto, porque se refieren al mismo Ser, lo que pasa es que contemplan dos aspectos diferentes.
Y puesto que Dios es Quien nos da y mantiene nuestra existencia, se encuentra siempre presente en nuestras vidas, aunque lamentablemente nosotros no somos conscientes de ello. No estamos lo bastante sensibilizados para percibir su Presencia, ya que no nos hemos preocupado ni de conocer a Dios, ni de conocernos a nosotros mismos.
CAPÍTULO 5.- NOSOTROS
El hecho de que una persona se interese por conocer su origen o su trascendencia, se considera como un hecho excepcional, cuando en realidad es un deber que todos tenemos y que precisamente por no cumplirlo se ha llegado a la evidente decadencia de nuestra sociedad.
Para cumplir con este deber, es necesario centrar la atención en nosotros mismos, empezando en primer lugar por observar nuestra constitución
Nosotros heredamos de nuestro Creador, la característica dual, lo cual significa que a imagen y semblanza suya, por un lado somos espíritu y por otro somos materia.
Cuando Dios nos da la existencia, proporciona a nuestros espíritus unas características que son únicas e irrepetibles, de manera que nunca existe una criatura igual.
Estos espíritus recién creados, necesitan aprender, crecer, desarrollarse y evolucionar, con el fin de adquirir sabiduría y un día poder compartir con su Creador, su gran Obra, tal como Él lo planificó desde un principio. De manera parecida a un padre cualquiera de la Tierra, que espera que sus hijos crezcan para poder compartir con ellos su patrimonio.
El trabajo de estos espíritus recién nacidos, es aprender, y para hacerlo, qué escuela mejor que la escuela de la vida donde se puede aprender de todo. Todos sabemos que la mejor manera de aprender y conocer una cosa, es experimentándola uno mismo y así fue precisamente como Dios lo dispuso; poder aprender de la vida a través de nuestras propias experiencias, tanto las cosas favorables como las adversas, la cuestión es que nuestro espíritu aprenda de todo, porque todo forma parte de esta inmensa Obra que es la Creación.
Al ser los espíritus energía pura y carecer de forma, no pueden desarrollarse aquí en la Tierra tal como son, por eso necesitan un cuerpo físico que les sirva de soporte a través del cual puedan manifestarse. De manera que al contemplar a una persona cualquiera, ya sea adulta o bebé, debemos tener presente que el cuerpo que estamos viendo es solamente la envoltura de un espíritu que viene a aprender de la vida y que lo hará mediante las vivencias que con el tiempo irá experimentando. Por tanto, la constitución de la persona en sí, es dual; por un lado está el cuerpo y por otro está su identidad.
Si observamos la formación de nuestro cuerpo, veremos que en principio son necesarios dos elementos (dualidad), por un lado la célula reproductora masculina (espermatozoide) y por otro, la célula reproductora femenina (óvulo). La unión de ambos, da lugar a una nueva célula llamada cigoto a partir de la cual se forma el cuerpo humano. Por tanto, en la formación de nuestro cuerpo intervienen tres elementos; espermatozoide, óvulo y cigoto. Esto significa que nuestro cuerpo está formado por un principio trinitario, o dicho de otro modo, nuestro cuerpo es una pequeña trinidad a semejanza de la gran Trinidad de Origen.
Analicemos ahora la formación de nuestra identidad y veremos también como en un principio son necesarios dos elementos (dualidad), por un lado, nuestra mente y por otro, nuestros sentidos corporales. La unión de ambos, es decir, la interpretación que nuestros pensamientos hacen de las impresiones que recibe del cuerpo físico, da lugar a unas sensaciones o manera de sentir. Estos tres elementos; pensamientos, sentimientos e impresiones, son las características que definen nuestra identidad o manera de ser. Esto significa que nuestra identidad también está formada por un principio trinitario, o dicho de otro modo que nuestra identidad es una pequeña trinidad a semejanza de la gran Trinidad de Origen.
Estas observaciones sobre nosotros mismos, lamentablemente pasan desapercibidas para la inmensa mayoría de la gente, siendo un índice muy claro de la falta de conocimientos que el ser humano tiene de sí mismo, pues contrariamente a lo que se piensa, nosotros somos seres espirituales con una experiencia humana y no humanos con una experiencia espiritual.
Otro aspecto a resaltar sobre nosotros, es que dentro de esta gran estructura que es la Creación, sólo somos un simple eslabón de una larga cadena formada también por otros seres vivos como los animales, vegetales, minerales, etc. Y aunque sean menos evolucionados que nosotros, son criaturas de Dios y compañeros nuestros en este camino de aprendizaje por la vida. Un camino que deberíamos preocuparnos de conocer mejor, tanto para beneficio nuestro como para el de los seres que nos rodean, porque en esta gran cadena relacionada entre sí, todo repercute en todo y este acercamiento común hacia Dios, requiere un respeto y una ayuda mutua, por eso es primordial que nosotros nos mantengamos en armonía con nuestro entorno.
Todos los seres tenemos el mismo origen y también la misma meta. Todos procedemos de Dios y un día todos volveremos a Él. Unos llegarán antes y otros después, según su evolución, pues es una Ley del Creador que todo lo que existe pueda elevarse a niveles superiores. El Universo entero lleva una tendencia ascendente en el sentido de la superación buscando la perfección hacia la Esencia Superior. Los seres humanos, los animales, los vegetales, los minerales, viajamos juntos, estamos relacionados entre sí y sobretodo nos necesitamos tal como veremos a continuación.
Para comprender más fácilmente esta relación que tenemos unos seres con otros, veremos unos ejemplos.
En cuanto a los animales se refiere, se da el caso de algunos mamíferos y de algunas aves que siempre han sido vistas con cierto rechazo por parte del ser humano, a pesar de que le son muy útiles y necesarias. Estos animales, a los que muy a menudo se menosprecia, son los llamados carroñeros (el buitre, el cuervo, la hiena, el chacal, etc.). Se les llama así porque se alimentan de cadáveres y restos putrefactos de otros animales. El trabajo de estas aves y mamíferos, es procurar el bien común, eliminando las bacterias y virus de los cadáveres en descomposición. De este modo, procuran la asepsia del ambiente y la limpieza, con el fin de evitar brotes epidémicos que provocarían la putrefacción tanto en los animales como en los seres humanos, por tanto, es evidente que les necesitamos y que mucho les debemos agradecer.
De los vegetales hay que decir que son seres vivos sin movilidad suficiente para poder desplazarse de un lugar a otro y están sujetos a la tierra mediante sus raíces con las que se alimentan de sus compañeros los minerales. A pesar de que los vegetales son menos evolucionados que nosotros, son imprescindibles para el ser humano porque entre otras cosas, absorben el dióxido de carbono y nos proporcionan oxígeno para respirar, por tanto, también les necesitamos y también mucho les debemos agradecer.
De los minerales, suelen decir que no tienen vida pero por el hecho de que la Ciencia no reconozca diferentes tipos de vida, no quiere decir que no existan. No podemos olvidar que Dios es Fuente de Vida y como todo procede de Él, por lógica, todo tiene que tener vida, incluidos los minerales. Los diversos elementos químicos que forman los minerales (hierro, cuarzo, arcilla, azufre, uranio, cobre, etc., etc.), cuando se unen entre sí, reaccionan y generan nuevos elementos totalmente diferentes y con características propias (recordemos las aleaciones químicas). Eso significa que si estos elementos reaccionan, es que están vivos. Y si tienen vida, todo aquello que ellos formen también la tendrá. Por tanto, los minerales sí que tienen vida, aunque sea una vida diferente a la de otros seres vivos.
Para continuar contemplando aspectos de nosotros mismos, diremos que igual que todos los seres de la Creación, nosotros estamos regulados por unas Leyes Divinas que son perfectas. Una de las más importantes es la llamada Ley de Causa-Efecto, Efecto-Causa. Esta Ley, es la que representa a la Justicia Divina y la que administra y rige el total de la Creación. Todo el conjunto de datos y circunstancias de cada uno de los hechos que todo ser vivo lleva a cabo, es registrado por esta Ley y precisamente por este motivo, es la Única que nos puede juzgar con equidad y perfección.
Su funcionamiento es como el de una balanza, en la que el plato de la derecha representa las cosas positivas con sus efectos o consecuencias correspondientes y el plato de la izquierda representa las cosas negativas también con sus efectos correspondientes.
Cuando se produce un pensamiento, sentimiento o acto positivo por parte nuestra, ponemos en movimiento el plato de las causas positivas, pero automáticamente el plato del otro lado también se moverá, aunque lo hará en sentido contrario con el fin de equilibrar o compensar aquello que nosotros hemos pensado, sentido o efectuado. Es decir, cuando un plato sube, el otro baja y viceversa.
El movimiento que hace cada plato (causa), produce su propio efecto, de modo que nosotros tendremos siempre dos efectos; el de nuestro plato y el del plato contrario. Primero notaremos el efecto del movimiento de nuestro plato, que es el principal y después notaremos el efecto secundario que corresponde al movimiento del otro plato. Así pues, cuando nosotros actuemos con decisión de manera positiva, sus efectos nos apor-tarán grandes beneficios, a la vez que también recibiremos algún pequeño contratiempo. Igualmente, cuando actuemos de manera negativa, sus efectos nos aportaran grandes perjuicios, a la vez que también recibiremos un pequeño beneficio. De ahí viene el conocido refrán con el que la sabiduría popular expresa el funcionamiento de esta Ley y que dice: 'No hay mal que por bien no venga'.
Como dato anecdótico diré que si nos fijamos en el símbolo que representa a la Justicia, podremos ver que siempre aparece una balanza.
Tal como dice pues la Ciencia, todo son causas y efectos que provocan a la vez otras causas y efectos. De modo que siempre hay una relación entre todos los acontecimientos, por eso no son nunca casuales, sino causales, es decir, que provienen de una causa anterior.
Nuestras actitudes pasadas, son las que condicionan nuestro presente, del mismo modo que nuestro presente, condiciona nuestro futuro, porque según sean nuestros actos, así serán sus consecuencias, o dicho de otro modo, aquello que sembremos, recogeremos.
Tenemos que ser conscientes de que todo lo que pensamos, sentimos y hacemos, repercute en nuestro entorno, por tanto, debemos tener cuidado y ser responsables de nuestra actitud ante la vida, pues cada integrante de esta magna Obra, que es la Creación, incluidos nosotros mismos, influimos y somos influidos por los demás.
Por aquel entonces, mis ratos de reflexión, me ayudaban a pasar por la criba las informaciones que iba encontrando. Había que separar el grano de la paja, ya que a veces encontraba lecturas o informaciones que sólo me aportaban confusión. Pero tarde o temprano, con la ayuda de Dios, podía ver las cosas claras y entonces la Verdad encajaba de una forma totalmente coherente.
Me di cuenta que sufrimos inútilmente por cosas a las que damos mucha importancia, cuando en realidad no tienen ninguna desde el punto de vista del espíritu, sobretodo las cosas materiales. En cambio hay pequeños detalles de la vida que pasan desapercibidos, y a nivel espiritual tienen mucha relevancia, como por ejemplo, cualquier muestra de afecto y ayuda hacia los demás.
Y aquí debo mencionar al popular escritor Antonio Gala, que contaba que a raíz de una experiencia vivida, había visto transcurrir su vida como en una película. Entonces pudo comprobar que los puntos más importantes que se valoraban de sus vivencias, no eran ni lo premios que había obtenido como escritor, ni los éxitos de sus libros. Lo que realmente se valoraba, eran ciertos detalles que parecían insignificantes, como por ejemplo, una vez que ayudó a una viejecita a cruzar la calle, o bien una sonrisa que dirigió a una persona que sufría, etc., etc. Estos gestos tan sencillos, eran precisamente los que tenían valor desde el punto de vista del espíritu y tienen valor porque están basados en el amor y el altruismo que son precisamente los dos motivos por los cuales Dios nos creó.
Poco a poco, como si descubriese el mundo por primera vez, el sentido de mi vida iba cambiando y mientras veía que nuestra sociedad trataba de inculcarnos que todo el mundo pensara, sintiera y actuara por un igual, yo aprendía que no debe ser así. Somos seres libres y como tal debemos sentirnos, evitando la esclavitud que nos imponen los condicionamientos sociales y las modas. Debemos ser nosotros mismos y manifestarnos con nuestros propios puntos de vista respecto a las cosas, ya que Dios nos ha creado diferentes a cada uno de nosotros y esta singularidad nuestra, debemos poder expresarla, porque es un derecho que tenemos y también es un deber. Cada ser es una identidad única e irrepetible y aporta a la sociedad su particular manera de ser, consiguiendo entre todos una extraordinaria riqueza de tendencias. Hemos heredado de nuestro origen esta condición de individualidad y querer anularla es ir contra la Ley Natural.
Debemos adaptar nuestra manera de vivir de acuerdo con nuestros gustos, independientemente de si son actuales o no, porque muchas de las cosas que están de moda, la gente las hace de una manera mecánica, arrastrada por la inercia de la sociedad y no porque haya un verdadero interés en hacerlas. Y si por el hecho de comportarnos tal como somos, alguien nos considera 'extraños', es decir, diferentes a los demás, tendrá toda la razón, porque en este sentido no es peyorativo, ya que somos únicos y así debe ser nuestra manera de obrar. No debe importarnos lo que la gente pueda decir de nosotros por el hecho de no actuar como el resto, siempre y cuando, claro está, no perjudiquemos a los demás. Precisamente, la historia de la humanidad la escriben los individuos que destacan de la inmensa mayoría, los que actúan tal como son y defienden sus propios puntos de vista.
También supe que el ser humano se hace y deshace a sí mismo, porque él es el único causante de sus propias circunstancias. Debemos tener en cuenta que nuestras acciones son el resultado de nuestros pensamientos y si éstos son correctos, nuestras acciones también lo serán, así como sus consecuencias. Pero si nuestros pensamientos son incorrectos, también lo serán nuestras acciones y sus consecuencias.
Si queremos tener éxitos, debemos hacer sacrificios, porque no se consigue aquello que se desea sólo rezando, sino que debemos ganarlo con justicia. Y si queremos perfeccionarnos, el único modo de hacerlo es cuidando nuestros pensamientos, teniendo en cuenta que el pensamiento correcto sólo se puede mantener mediante la vigilancia continuada.
La mente del ser humano es un jardín que puede ser cultivado inteligentemente o bien abandonado a su suerte. De la misma manera que un jardinero cuida su jardín, sacando las malas hierbas, el ser humano debe limpiar el jardín de su mente retirando sus pensamientos negativos. Como una planta brota de una semilla, cada acto nuestro brota de la semilla del pensamiento. Cada acto, es la flor del pensamiento y el gozo y el sufrimiento son sus frutos. Como segador de su propia cosecha, el ser humano aprende tanto del sufrimiento como de la felicidad, pues está donde está para aprender la lección espiritual que cada circunstancia le aporta.
Y una de las lecciones que debemos aprender en este caso, es encontrar tiempo para dedicarlo a nosotros mismos y poder escuchar nuestra mente y nuestro corazón. A través de ellos y del silencio podemos analizar nuestros pensamientos y sentimientos y entonces ser más conscientes de todo aquello que llevamos a cabo. También debemos encontrar tiempo para observar y reflexionar y dejar fluir esta especie de sabiduría interna que se llama intuición y que es conocida a nivel popular como presentimiento o corazonada. Más o menos todo el mundo la ha experimentado alguna vez, pero es necesario desarrollarla, pues es una faceta humana ciertamente ignorada y puede que a propósito, dado que nos permite percibir más allá de la razón además de favorecernos y propiciar inquietudes sobre nuestra trascendencia.
A medida de irnos conociendo, se van revelando aspectos nuestros a los que nunca nos habíamos enfrentado conscientemente. El hecho de profundizar en nuestras emociones y reacciones, nos permite descubrir facetas nuestras que pueden ser agradables o no, pero desde el momento en que las descubrimos, tenemos la oportunidad de poderlas controlar e incluso superar.
Es necesario indagar en nuestro interior para entender por qué actuamos de una manera determinada en lugar de hacerlo porque sí. Tenemos la posibilidad de poder decidir nuestra reacción en cada situación y aunque no podamos cambiar las cosas que nos suceden, sí que podemos cambiar la manera de afrontarlas. Según sea nuestra manera de conceptuar las cosas podemos hacer de la vida un valle de lágrimas o un lugar maravilloso donde vivir todo tipo de experiencias enriquecedoras, todo depende del conocimiento que tengamos de nuestra realidad y de nuestro entorno, porque no olvidemos que somos nosotros los que damos un determinado sentido a las cosas y los que en lugar de ver problemas, podemos ver oportunidades.
Si enfocamos las cosas debidamente iremos cambiando también nuestros valores y nuestras prioridades. Poco a poco nuestras estructuras mentales se irán substituyendo por otras mucho más amplias y maravillosas que nos permitirán vivir la vida con libertad y plenitud porque tal como dice la famosa frase: 'La Verdad nos hará libres'. De modo que si no hubiesen condicionamientos, ni rivalidades, ni envidias, ni competiciones, ni egoísmo, etc., etc, por lógica habría menos luchas y más tranquilidad y por tanto, menos sufrimiento y más felicidad.
Estamos acostumbrados a vivir con los límites de la vida material, cuando en realidad nuestros horizontes son mucho más amplios dado que nuestros límites son espirituales. Nuestra estancia aquí en la Tierra es solo temporal y erróneamente centramos en ella toda la atención, incluidas nuestras luchas. En cambio a nuestra trascendencia que es la que perdura, no le damos apenas importancia, ignorando totalmente que hemos nacido para vivir y no para morir.
En un momento dado, me di cuenta que por primera vez en la vida podía aclarar mis dudas sobre cuál era mi procedencia y el motivo de mi existencia. Ahora sabía que todo obedece a un propósito y a una finalidad, porque si no fuera así y no tuviese ningún otro sentido más que acabar en la muerte, nuestras vidas serian en vano, al mismo tiempo que una pérdida de energía.
Es evidente pues, que ALGUIEN me escuchó y aquellas cuestiones que tanto me inquietaban se iban clarificando poco a poco. Al mismo tiempo me permitían descubrir la extraordinaria belleza de la vida que a pesar de haber estado siempre ante mí, nunca había sido capaz de poderla apreciar. Intentaba aprender todo aquello que tuviera que ver con nuestra realidad y sobretodo, aprender a amar a Dios que es Quien hace posible que yo exista.
Recordando el final del segundo capítulo de este escrito, decía que yo me había planteado un día las mismas preguntas que se hacía aquella gente cuando la muerte se les acercaba: ¿Qué pasará con nuestras vivencias?. ¿Han de acabar en la nada?. ¿Y si fuera cierto que existiese otra vida?...
Entonces, al tener ya las respuestas, cuando decía la palabra 'mía'; mi marido, mi hija, mi casa, mi coche, etc., lo decía plenamente consciente de que 'mío' en el sentido más estricto de la palabra no había nada, en todo caso era una especie de usufructuaria temporal de todo aquello que Dios ponía a mi disposición para que lo pudiera disfrutar.
¿Y qué pasaba con mis vivencias y aquellos sentimientos tan intensos que yo creía que tenían que tener más significados de los que parecía?. Pues que era verdad que tenían una trascendencia y no acababan con la muerte. Que era verdad que tenían otros significados y mucho más profundos, pues estas vivencias no pertenecían solamente a mi persona, sino a mi espíritu, y el día que tuviese que abandonar mi cuerpo aquí en la Tierra, tanto mis pensamientos como mis sentimientos continuarían existiendo. Todos los sentimientos de amor que cualquiera en la vida pueda experimentar, generan unos lazos con otros espíritus que perduran eternamente porque los lazos de amor son indestructibles, ya que el AMOR con mayúsculas es el motor que impulsa la Creación.
Por este motivo precisamente, es importante saber que cuando una persona amada nos deja, no la perdemos para siempre, sino que pronto o tarde volveremos a encontrarla ya que los lazos de amor son eternamente inseparables.
Aquí es importante dejar muy claro el significado real que tiene la muerte para todos nosotros. Si interpretamos que la muerte es el final de nuestra existencia, estamos totalmente equivocados, porque la única cosa que pasa cuando llega este momento, es que la conciencia del ser se retira del cuerpo físico porque de ahora en adelante este cuerpo ya no tendrá ninguna utilidad. Durante un tiempo ha servido de envoltura al espíritu para desarrollarse aquí en la Tierra, pero a partir de ahora ya no lo necesitará para todo aquello que le espera a continuación. Así pues, el espíritu se desprende del cuerpo de carne y continúa existiendo con sus sentimientos y pensamientos, pero con otra constitución mucho más sutil.
En el mismo instante del desenlace, no se produce ningún cambio en las características del ser que continúa siendo tal como es, con su temperamento, su carácter, sus virtudes, sus defectos, etc. Tanto es así, que a veces el ser tarda un tiempo en darse cuenta de su nueva situación, dado que sigue pensando y sintiendo como siempre, la única cosa que observa es que no puede comunicarse con sus seres queridos aunque los esté viendo.
Aquí debo hacer un breve inciso que considero necesario. En estas situaciones, se debe tener muy en cuenta la actitud que adoptan los familiares o la gente más cercana, porque sus llantos, el dolor que sienten y a veces la no aceptación de este hecho, atraen negativamente la atención del ser que se va y le provocan un intenso sufrimiento, perjudicándolo gravemente y atrasando su proceso natural. En cambio si estos familiares animan mentalmente con su pensamiento al ser querido y lo tranquilizan para que no se preocupe por ellos y para que siga su camino, sin duda lo ayudarán muy favorablemente en la nueva etapa que le espera.
En esta nueva situación también hay que decir que no existe ningún tribunal que nos juzgue por lo que hemos hecho o dejado de hacer, sino que es nuestro propio ser el que se siente responsable ante Dios de todos sus actos y por este motivo, pide la oportunidad de poder rectificar mediante nuevas experiencias, con el fin de compensar los errores cometidos y sentirse digno.
Tampoco existe un infierno con llamas eternas, sino que son nuestros actos negativos, los que nos hacen vivir nuestro propio infierno al ver el daño que hemos causado a los demás. Ni tampoco existe un paraíso que nos espera, sino que son nuestros actos positivos los que nos permiten gozar de nuestro propio paraíso al ver con gran satisfacción todo el bien que hemos podido hacer a otros.
Conociendo el significado auténtico de la muerte, también podremos entender aquellos desenlaces que a veces son tan difíciles de aceptar como son, por ejemplo, el de aquellas personas jóvenes o bebés. Estos seres, son espíritus que han venido aquí a la Tierra con un propósito determinado y su estancia será corta o larga en función de sus necesidades, por eso, sean jóvenes, adultos o ancianos, una vez acaban su cometido, abandonan su cuerpo y se van. Entones siguen su camino hacia la superación y evolucionando rodeados de otros espíritus con los que se relacionan.
La muerte es pues, un paso más en nuestra existencia y el hecho de tener este concepto claro, supone entre otras cosas, ahorrarnos muchas luchas y sufrimientos, dado que nos permite enfocar las cosas de manera diferente.
Si sólo nos preocupamos de las cosas materiales, sentiremos un desconcierto absoluto cuando llegue el momento de abandonar nuestro cuerpo. No sabremos qué nos pasa, ni donde nos encontramos y veremos con gran angustia que todo aquello material por lo que tanto hemos luchado, no tiene ningún valor. En cambio las personas que durante su vida han tenido presente su trascendencia, podrán llevarse sus valores, y serán plenamente conscientes de su nueva situación.
Ahora, sólo resta decir, que de la misma manera que sentimos profunda estimación por nuestros padres terrenales, que son los que han engendrado nuestro cuerpo, con mucha más razón debemos amar a nuestro Creador, que no sólo ha engendrado nuestro espíritu, sino que nos da la existencia eterna, todo lo que somos y tenemos y estaremos siempre bajo su amorosa tutela.
Maria Rosa

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